Colombia es LGBTIQ y +
A pesar de que cada texto que escribo lo publico pensando que nadie lo leerá y que mucho menos tendrá alguna repercusión en nuestra realidad, se me hace imposible no registrar el momento histórico que vivimos y expresar mi indignación frente a lo que está sucediendo con las artes en Colombia.

Habría mucho qué decir de las acciones «culturales» del actual gobierno, pero diré simplemente por ahora –habría que ver qué otra atrocidad hará mañana– que estoy en completo desacuerdo con la manipulación que intentan ejercer, tanto en el Museo como en la Biblioteca Nacional de Colombia, instituciones que niegan parte de la realidad del país y condicionan la historia que los colombianos podemos conocer. Desde estas instituciones tratan de tirar a la basura las luchas y conquistas de las comunidades mal llamadas minorías –LGBTIQ+, mujeres, líderes políticos y sociales– y desmantelan sin vergüenza el acervo que le pertenece a todos los colombianos, desconociendo así nuestra cultura e identidad, y lo que, en realidad y según el ICOM –la organización internacional que estable los estándares de los museos– es un museo:
Una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos. (ICOM, 2026)
Las palabras inclusivo, exhibir, diversidad y ética han sido pasadas por alto por De la Espriella, Paola Holguín –ministra de cultura– y Julia Daza –directora de la biblioteca Nacional–, respectivamente. Ellos en cambio se han dedicado a jugar de curadores y jueces de las expresiones artísticas en Colombia, dictaminando qué libros y obras de arte están oficialmente permitidos para la sociedad. Nos devolvimos a la censura extrema de las quemas de libros y estamentos políticos de adoctrinamiento radical, aunque se la pasen diciendo lo contrario. Otra acción que sigue el ejemplo de Estados Unidos, donde la PEN America vetó el año pasado doce mil títulos literarios, entre los que se cuenta nuestro Nobel de literatura.
En resumen, denuncio la censura, la manipulación y el adoctrinamiento de este gobierno y sus secuaces:
- No a la propaganda política de De la Espriella en los eventos culturales, como la reciente Feria del Libro de Frankfurt.
- No a las restricciones artísticas; el arte aborda todos y cada uno de los asuntos que atañen al ser humano, incluso aquellos que a la extrema derecha de este país tanto le incomoda.
- No a la discriminación de ningún orden: ni ideológica, ni racial, ni de género ni creativa
- No a la manipulación de la historia colombiana y sus verdades
- No al sesgo político ni a la pérdida de memoria colectiva
Y espero que las prácticas artísticas contemporáneas, la libertad de pensamiento y expresión, y nuestra historia e identidad encuentren las grietas por las cuales seguir surcando y creando una escena cada vez más democrática y coherente con lo que sí es el arte y la cultura.